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PROTECCIÓN A LOS PAISES ISLEÚOS DEL PACIFICO CONTRA CICLONES

Por: José Ignacio Fernández Carús

6 de febrero, 2006 — A medida que el ciclón Heta se acercaba a la isla de Samoa en el océano Pacífico a principios de 2004, muchos samoanos recordaban los espantosos efectos del ciclón Val. En aquella ocasión, 13 aìos antes, el ciclón Val causó centenares de millones de dólares en daìos - una suma equivalente al 230% del PIB de esa pequeìa economía - y cobró 13 vidas.

Pero a partir del ciclón Val, el gobierno de Samoa emprendió un programa destinado a preparar a esta nación isleìa contra los ciclones más intensos y frecuentes que se pronostican como consecuencia del cambio climático.

Con la ayuda de un grupo de gestión de riesgos del Banco Mundial, las comunidades costeras de Samoa trabajaron en el levantamiento de mapas de peligros, en los que se identificaron las zonas propensas a erosiones, inundaciones y desprendimientos de tierras. Estos mapas les permitieron ponerse de acuerdo sobre las labores a emprender con más urgencia para mejorar los sistemas de protección de las costas, entre ellas, la replantación de manglares, la reubicación de las viviendas vulnerables lejos de las zonas costeras y la mejora de los diques. Se analizó la vulnerabilidad de los activos públicos clave, tales como el aeropuerto, las carreteras principales, los puentes y los hospitales, y se adaptaron para resistir los vientos ciclónicos.

El ciclón Heta puso esto a prueba, avanzando amenazadoramente sobre Samoa con mucha más ferocidad que Val, aunque siguió un curso diferente. Una vez que amainó el ciclón, los samoanos pudieron ver que sus esfuerzos de adaptación habían valido la pena. Los daìos totales ascendieron a sólo el nueve por ciento del PIB.

Heta demostró que los países de las islas del Pacífico no tienen que resignarse ante el cambio climático y otras amenazas de desastres naturalesÍ, seìala el especialista en gestión de recursos naturales del Banco Mundial, Idah Pswarayi-Riddihough. Con el compromiso de la comunidad y de todos los niveles del gobierno, es posible implantar medidas muy prácticas que reducen los riesgos, salvan vidas y protegen la economíaÍ.

Sofía Bettencourt economista del Banco (en rosa) trabaja con representantes del gobierno de Kiribati en la adaptación del programa para el país.

AYUDA A KIRIBATI

Desde el aìo 2003, un grupo del Banco trabaja con la República de Kiribati á una de las naciones isleìas más remotas y vulnerables del Pacífico á para integrar la adaptación a los peligros naturales a cada aspecto de la planificación y la presupuestación del gobierno.

Se han llevado a cabo dos consultas en el ámbito nacional con la participación de representantes de cada una de las 33 islas habitadas, quienes identificaron los principales peligros que afrontaba cada isla y propusieron estrategias, tales como plantar manglares, limitar el desarrollo en las zonas vulnerables, aumentar la protección del abastecimiento de agua segura y concienciar a la comunidad sobre los riesgos. Las medidas necesarias se categorizaron por niveles de urgencia. Ciertas medidas demandaron cambios en las políticas del gobierno y la ley nacional, otras requirieron más consulta con las comunidades, mientras que algunas exigieron obras de ingeniería inmediatas.

Según la oficina del presidente de Kiribati, que coordina el programa resultante que financia el Banco, la adaptación fue una cuestión de supervivencia.

Las cuestiones medioambientales y, en particular, el cambio climático y el aumento del nivel del mar constituyen cuestiones de seguridad para los países de atolónes coralinos de baja altitud, como es el caso de KiribatiÍ, dice la Sra. Teaa Tira, de la oficina del presidente.

UNA CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

Es una cuestión de seguridad a corto y medio plazo, y una cuestión de supervivencia a largo plazo. En términos prácticos, las medidas de adaptación que adoptó nuestro programa han servido para informarle a la gente sobre la realidad de la amenaza y brindarles opciones de respuesta que, de algún modo, eliminan el sentido de desesperanza.

Se ha logrado mucho con el programa pero, por supuesto, todavía queda muchísimo por hacer en Kiribati y en los países vecinos de la regiónÍ.

Con el fin de informar y orientar a otros países que hacen frente a amenazas similares o aún peores, el Banco ha dado a conocer un informe Not if but when: Adapting to natural hazards in the Pacific Islands regionÍ (No siÍ, sino cuándoÍ: La adaptación a los peligros naturales en la región de las islas del Pacífico), donde se destacan los buenos resultados obtenidos y se identifican los obstáculos para el desafío que conlleva la adaptación.

INCENTIVOS PERVERSOS

El informe encontró que los países de las islas del Pacífico tienen un incentivo perversoÍ respecto a afrontar los ciclones y otros desastres naturales. Seìala que la tendencia de los donantes a pagar la reconstrucción después de un desastre natural ha creado una especie de incentivo perversoÍ que alienta a los países a esperar simplemente el castigo de un desastre natural para luego iniciar la reconstrucción.

Uno de los 14 autores expertos internacionales y residente de una isla del Pacífico, Alf Simpson, dice que no habrá mucho cambio hasta que los donantes y los gobiernos reconozcan el peligro de continuar por ese caminoÍ.

Existe hoy día una conciencia cada vez mayor de que la vieja estrategia de esperar y mitigarÍ ya no puede continuarÍ, comenta. Los países que invirtieron tiempo y dinero en la adaptación están viendo los beneficios en sus balances finales. Pero mientras que los donantes prefieren gastar dinero en proyectos más visibles, como carreteras y escuelas, el incentivo está siempre presente para que los países en riesgo pongan la gestión de riesgos de desastres naturales en el último lugar de su lista de cosas por hacerÍ.

AYUDA DE ALTO NIVEL

Otra cuestión clave para el Pacífico es que con frecuencia la responsabilidad de la gestión de riesgos de desastres naturales está en manos de un ministerio de poca importancia o muy débil, a pesar de que los desastres naturales tienden a provocar impactos que afectan muchos ministerios - finanzas, planificación, salud, obras públicas, agricultura y medio ambiente. El informe recomienda con insistencia que un organismo central - preferiblemente dentro de la oficina del presidente o del departamento del primer ministro - supervise todo el programa, mientras se responsabiliza de los resultados y de las finanzas a los organismos de ejecución.

Sin el apoyo de los más altos niveles del gobierno, todas las mejores intenciones pueden quedar en la nadaÍ, dice Idah Pswarayi-Riddihough, que asumió el control del Programa de adaptación de Kiribati el aìo pasado.

Dado que los desastres naturales tienden a destruir indiscriminadamente, cada sector debe tener un plan para reducir los riesgos a los peligros naturales. Dichos planes pueden incluir diversas medidas, desde preparar a los escolares para que sepan qué hacer en caso de un tsunami hasta cambiar el código de edificación para que todas las viviendas se construyan a prueba de ciclonesÍ.

PRONÓSTICO DE CAMBIO CLIÎMTICO

Los pronósticos sobre el cambio climático subrayan la creciente vulnerabilidad de la región de las islas del Pacífico. Junto con el aumento de la intensidad de los ciclones y, consiguientemente, una mayor altura de las olas, los desastres ha tenido un impacto económico cada vez mayor en el Pacífico.

Según los pronósticos recientes de cambio climático, las Islas Fiji, por ejemplo, podrían enfrentar un aumento del 100% en daìos provocados por ciclones, un aumento del 20% al 30% en el potencial epidémico de la fiebre del dengue y una reducción del 9% al 15% en la producción de los principales cultivos.

Si los países del Pacífico no toman seriamente la adaptación, es probable que los impactos del cambio climático afecten más severamente a los pobresÍ, dice Idah Pswarayi-Riddihough. Los ciclones más frecuentes e intensos inundarán los abastecimientos de agua, destruirán las cosechas y facilitarán la propagación de las enfermedades transmitidas por los mosquitos. Por eso decimos que la adaptación no es una cuestión de ísié, sino de ícuándoÍ.

Fuente: Banco para la Reconstrucción y el Desarrollo, Banco Mundial


 
 
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