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"LAS DIVERGENCIAS SE AMPLIAN EN LOS MERCADOS"

Por: José Ignacio Fernández Carús

Foto: Director y Editor General., Periodista Autorizado para el manejo de información bajo embargo (BIS)

BASILEA., SUIZA al 23 de Septiembre del 2018.- El comienzo del segundo semestre de 2018 marcó un cambio radical en el sentir de los mercados financieros. Un nuevo repunte del dólar estadounidense y la escalada de tensiones comerciales provocaron un endurecimiento desigual de las condiciones financieras mundiales.

La Reserva Federal continuó retirando la acomodación monetaria de forma gradual y predecible, mientras que la economía estadounidense volvió a acelerarse, en parte gracias a los estímulos fiscales del pasado año. Sin embargo, las condiciones financieras en Estados Unidos siguieron relajándose. Las condiciones se endurecieron ligeramente en los mercados crediticios de algunas economías avanzadas (EA). En cambio, el endurecimiento fue muy acusado en las economías de mercado emergentes (EME), algunas de las cuales sufrieron depreciaciones cambiarias y vieron reducido su acceso a financiación, en un contexto caracterizado por indicios de desorden en los mercados de las economías más vulnerables.

Los mercados financieros de Estados Unidos describieron una trayectoria muy distinta de la del resto de mercados. Las bolsas estadounidenses avanzaron hasta dejar claramente atrás a las de EA y EME, y su volatilidad se redujo progresivamente. La constante acomodación proporcionada por el BCE y el Banco de Japón y el repliegue hacia activos seguros de quienes habían invertido en las EME ahora en dificultades contribuyeron a mantener a raya los rendimientos de la deuda pública estadounidense a largo plazo pese a las expectativas de nuevas emisiones del Tesoro. Como consecuencia, la curva de rendimientos estadounidense volvió a aplanarse, acercándose a la inversión.

En general, las condiciones financieras continuaron siendo más laxas en Estados Unidos que en el resto de las principales EA. Por ejemplo, mientras que los diferenciales de rendimiento de los prestatarios corporativos estadounidenses se mantuvieron relativamente planos entre junio y mediados de septiembre, los de la deuda corporativa europea registraron ampliaciones moderadas que se sumaron a las que ya se habían producido en mayo. Este incremento de los diferenciales se debió en parte al aumento de los costes de endeudamiento que sufrieron algunas entidades financieras europeas como consecuencia de las tensiones soberanas dentro de la zona del euro y las exposiciones de algunos bancos a EME vulnerables.

El endurecimiento de las condiciones financieras en las EME agravó la presión a la que ya se habían visto sometidas en fechas anteriores del año. En un contexto de mayor fortaleza del dólar estadounidense, crecientes tensiones comerciales y nuevos indicios de una desaceleración de la economía china, las entradas de inversión de cartera siguieron siendo reducidas. Con la complicación añadida de las vulnerabilidades internas, determinados países experimentaron incluso salidas de inversión de cartera, ya que la incertidumbre política o de las políticas contribuyó a las tensiones del mercado en algunas jurisdicciones.

La depreciación de las monedas coincidió con una ampliación de los diferenciales soberanos tanto para instrumentos denominados en dólares como para los títulos en moneda local. Los daños que los activos de EME fueron acumulando desde que comenzara la escalada de tensiones comerciales mundiales a finales de marzo fueron en algunos aspectos mayores que los causados por el taper tantrum de 2013 o la devaluación del renminbi en agosto de 2015. Sin embargo, en términos generales los niveles de los diferenciales soberanos se situaron en esta ocasión por debajo de los de episodios anteriores y el contagio desde los países más afectados fue limitado. No obstante, a mediados de septiembre los inversores continuaban preocupados por la posibilidad de que las tensiones financieras de las EME se intensificaran y se propagaran a otros países.

Los mercados estadounidenses siguen su propio camino

Los mercados financieros mundiales siguieron trayectorias cada vez más divergentes durante el periodo analizado, que abarca desde principios de junio hasta mediados de septiembre de este año. Tras el aumento de las tensiones comerciales, los activos de riesgo estadounidenses superaron el rendimiento de los del resto de jurisdicciones, en ocasiones por un amplio margen. Aunque la Reserva Federal endureció su política monetaria mientras que el BCE y el Banco de Japón mantuvieron la acomodación, los diferenciales crediticios se ampliaron más en la zona del euro que en Estados Unidos. En parte, esto se debió a las tensiones políticas de la zona del euro y a la acusada apreciación del dólar estadounidense, que perjudicó considerablemente a los activos de

EME y, en última instancia, también a los bancos europeos.

La divergencia entre el mercado estadounidense y el resto fue especialmente palpable en los precios de las acciones. El mejor comportamiento de los mercados estadounidenses de renta variable se debió a los fuertes beneficios empresariales y las recompras de acciones, alimentados por la reciente reforma fiscal, así como a la excepcional evolución de las acciones de su sector tecnológico. Pese a la escalada de las tensiones comerciales, que provocó caídas en la mayoría de los parqués bursátiles los días en que se conocieron noticias negativas (Gráfico 1, primer panel), el índice S&P 500 recuperó todas sus pérdidas previas y llegó a superar el máximo histórico que había marcado a finales de enero.

En cambio, los mercados de renta variable de otras EA registraron ganancias relativamente moderadas y en las bolsas chinas se prolongaron las pérdidas sufridas en fechas anteriores del año. Para mediados de septiembre, el índice del mercado de Shanghái se situaba casi un 15% por debajo de su nivel de principios de junio (Gráfico 1, segundo panel), cerca del valle de principios de 2016. Otros mercados bursátiles de EME registraron escasos cambios en moneda local, aunque perdieron bastante terreno en dólares estadounidenses al depreciarse sus monedas nacionales.

Las volatilidades implícitas de las principales clases de activos de EA se mantuvieron contenidas (Gráfico 1, tercer panel). En los mercados de renta variable, la volatilidad experimentó repuntes pasajeros, pero siguió por debajo de los promedios posteriores a la Gran Crisis Financiera (GCF). En el caso de Estados Unidos, la volatilidad implícita se situó ligeramente por debajo de los niveles de otros mercados bursátiles de EA. Mientras que las volatilidades de los tipos de cambio se estabilizaron a sus niveles de los meses precedentes, las de los futuros sobre bonos de EA mantuvieron su tendencia a la baja hasta mediados de septiembre. Las fuertes ganancias y la escasa volatilidad del S&P 500 ocultaban cierta sensación de fragilidad. El coste de los seguros frente a grandes caídas de este índice en el mercado de opciones subió hasta un nivel inusitadamente elevado, como indica el pico marcado por el índice SKEW (Gráfico 1, cuarto panel). Este índice había virado a finales de abril al continuar la escalada de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.

Fuente: Banco para Pagos Internacionales, información bajo embargo solo para el manejo de periodistas autorizados por el banco (BIS)


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